Fotografía tomada de www.bright-consultancy.co.uk

Comunidades que aportan valor a la cultura


Autor: Jorge Gemetto /

Tomado de:  www.articaonline.com/

Hay muchas formas de evaluar el éxito de un proyecto cultural en la web: por el éxito comercial, el grado de innovación, la calidad de las obras y productos creados, la satisfacción de las necesidades de una comunidad.

En potencia, en Internet existen tantas comunidades como intereses haya, desde comunidades de chistes, recetas, recomendaciones, etc. Especialmente interesantes nos resultan las comunidades que, además de incluir este nivel de conversación y recomendación, dan un paso más y se abocan a una o varias tareas en común que sirven para satisfacer una necesidad compartida.

Si hace poco nos preguntábamos “¿Qué es el P2P?” hoy nos centramos en otro término importante que mucha gente no acaba de entender: el “procomún”. Para explicarlo, cedemos la palabra a Helene Finidori, coordinadora de Commons Abundance Network, un colectivo de investigación y colaboración con la noble misión de crear una nueva economía de la abundancia basada en el procomún. A modo de aperitivo, incluimos un video de animación creado por Gemeingüeter Germany, un colectivo alemán dedicado a la difusión y defensa del procomún.

 

Es en esta última categoría en la cual se enmarcan una serie de proyectos culturales realizados a partir de la autoorganización de los usuarios que a continuación vamos a repasar.

Entre las comunidades más interesantes que encontramos en la web están aquellas que se dedican a realizar subtítulos de series, películas, audiovisuales artísticos, etc. Las comunidades de subtítulos son uno de los casos más sorprendentes de inteligencia colectiva, dado que han alcanzado logros que se comparan e incluso superan a los de las empresas comerciales de subtitulado. Estas comunidades tienen una organización compleja, que incluye personas que realizan subtítulos de forma individual, equipos de subtitulado con reglas estrictas y eficientes, foros donde los esfuerzos se coordinan y buscadores donde se agrupan los resultados. Las comunidades de subtitulado tienen una gran cantidad de similitudes con las comunidades de software libre, basadas en la ética hacker: cualquiera puede hacer una contribución, las jerarquías se establecen por la calidad de las contribuciones, los resultados se comparten con la comunidad, cualquiera puede tomar un trabajo hecho por otro, modificarlo y publicar la modificación, etc.

Otras comunidades basadas en tareas comunes son las de digitalización y conservación de obras culturales. Aquí encontramos desde los ejemplos más conocidos de Internet Archive o el Proyecto Gutenberg, hasta otras comunidades nacidas en Hispanoamérica, como ebiblioteca, en el caso de libros, o Intercambio Uruguay, para el caso de la música. Sobre este último caso hablamos en detalle hace un tiempo en Ártica.

Las tareas de una comunidad pueden tener distinto grado de especificidad. Un ejemplo de comunidad con una tarea muy específica es epublibre. En esta comunidad, integrada por lectores ávidos de compartir sus libros, se realiza la tarea colectiva de maquetar textos en formato epub, para que sean compatibles con distintos tipos de dispositivos digitales. En epublibre los miembros siguen reglas muy estrictas para garantizar que los resultados sean homogéneos y de buena calidad. Luego, el fruto del trabajo colectivo es accesible para todo el mundo.

Comunidades y plataformas

Las comunidades de Internet suelen asentarse en plataformas. Estas alojan el trabajo colaborativo de los usuarios y proveen la interfaz de comunicación y trabajo. Los administradores de las plataformas se relacionan con los miembros de la comunidad de formas muy diversas. Pueden ser miembros de la comunidad o no. Pueden trabajar de forma absolutamente voluntaria, como en el caso de ebiblioteca, epublibre o Intercambio Uruguay, o pueden tener un enfoque más comercial, en donde los administradores son aliados de los usuarios, respetan los hábitos y necesidades de la comunidad, y a cambio incluyen publicidad u otros mecanismos de financiamiento.

De hecho, la distinción más importante a la hora de analizar estas plataformas no es si tienen o no fines de lucro. En muchos casos de plataformas comerciales, los administradores son capaces de respetar a conciencia las normas de la comunidad. Un ejemplo de equilibrio bastante aceitado se da en subdivx, una de las principales comunidades de subtítulos.

Un caso totalmente diverso se dio con epubgratis.me, la plataforma que precedió a epublibre. Los administradores de epubgratis.me comenzaron, en un momento determinado, a distribuir software no deseado junto con los archivos que intercambiaban los usuarios. Este cambio de reglas repentino provocó un retiro en masa de sus usuarios ofuscados, quienes al poco tiempo fundaron epublibre intentando volver al espíritu original del proyecto.

Este ejemplo nos muestra que las comunidades que logran desarrollar vínculos fuertes en torno a un interés o tarea común trascienden las plataformas concretas. Así, si en algún momento aparecen conflictos o dificultades de cualquier tipo, la comunidad se puede reagrupar con un nuevo nombre, utilizando nuevos recursos y plataformas.

Otra característica interesante de las comunidades culturales en Internet son las sinergias que pueden crearse entre ellas. De esta manera, por ejemplo, el trabajo que realiza ebiblioteca en la digitalización de textos se complementa con la experiencia que tienen los usuarios de epublibre en el maquetado de los textos. Así, es bastante común que un libro digitalizado en ebiblioteca se maquete posteriormente en epublibre y al poco tiempo la versión maquetada vuelva a ebiblioteca. Todo este proceso se realiza sin necesidad de que los usuarios de una y otra comunidad se conozcan ni tengan una organización común. Eventualmente puede ser así, por una cuestión de afinidad con la lectura, pero el buen funcionamiento del ecosistema no depende de que ello ocurra.

Si en Ártica nos interesa analizar y reivindicar este tipo de comunidades de usuarios es porque creemos que, en la discusión habitual sobre el valor de los proyectos culturales en la web, se suele sobrevalorar los proyectos que tienen éxito comercial o aquellos que son llevados adelante por instituciones con un prestigio previo. Muchas veces vemos que los medios de comunicación elogian plataformas que o bien no tienen comunidad, o bien se dedican a extraer valor de los datos de sus usuarios imponiendo reglas basadas únicamente en la maximización de beneficios. En las comunidades mencionadas en este post, en cambio, vemos ejemplos exitosos de personas organizadas en la web con el objetivo principal de satisfacer necesidades culturales.