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Reclamando el crédito como bien común Reclaiming the Credit Commons

Autor: Thomas H Greco

Traducido por Stacco Troncoso, editado por DFC – Guerrilla Translation!

Artículo original / Traducción a español iberomericano

Imágenes: Marina Gullón

Hoy en día, las monedas locales y los sistemas de intercambio alternativos se han convertido en un tema familiar en los medios de comunicación, incluso en los periódicos con más difusión, como el Wall Street Journal, The Guardian, y Der Spiegel, o en canales de televisión locales y nacionales. Estas reseñas están principalmente enfocadas sobre los intentos de mantener estas monedas circulando de manera local, y que el dinero no sea “drenado” de la zona, dado que así refuerzan la vitalidad de las economías locales y mejoran las perspectivas de los negocios de la zona en su lucha por competir con las grandes multinacionales.

Todo esto se trata de un fenómeno positivo, pero que evade un análisis más profundo sobre los problemas que afectan a nuestras comunidades y a nuestro mundo en general. Pues los problemas a los que se enfrentan nuestras comunidades, y la civilización en general, tienen su origen en la mismísima naturaleza del dinero y los mecanismos según los cuales se crea y se distribuye mediante la intervención del cártel más poderoso que jamás ha existido. Los regímenes globales del dinero y la banca han sido diseñados para centralizar el poder y concentrar la riqueza en las manos de una élite gobernante; se trata de un proceso que viene de muy atrás en el tiempo y que se ha hecho cada vez más efectivo (en exclusivo beneficio de esa élite).

En todas las economías desarrolladas, las profesiones están muy especializadas. Apenas elaboramos o construimos nosotros mismos aquello que necesitamos. Esta situación provoca que el intercambio de bienes y servicios sea una necesidad de subsistencia. Pero el trueque primitivo es ineficaz y depende de una coincidencia entre carencias y necesidades – “yo tengo algo que quieres tú y tú tienes algo que yo quiero.” Si una de las dos partes no tiene lo que quiere la otra, no hay trueque posible. El dinero se inventó para facilitar intercambios más allá de la cercanía inherente de una comunidad local -donde priman las transacciones informales- y así el dinero facilita un modo de comercio que es ocasional y impersonal.

El dinero es, en primer lugar y ante todo, un medio de intercambio, una especie de substituto que permite que el vendedor suministre algo de valor para el comprador, a cambio de dinero, y después, usar el vendedor ese dinero recibido para obtener del mercado aquello que necesite para sí mismo, o para otros.

En la antigüedad, se usaron como moneda materiales útiles para la comunidad. Yo, por ejemplo, no tengo necesidad de poseer tabaco pero, al saber que hay muchos que lo desean, lo puedo aceptar como pago a cambio de mis manzanas. Lo mismo se puede decir del oro y la plata, que, en el transcurso del tiempo, se convirtieron en los materiales predilectos como medio de intercambio.

Pero el dinero ha evolucionado con el tiempo; el dinero ya no es “una cosa”. Es crédito dentro de un sistema de contabilidad que se manifiesta principalmente a través de “depósitos” en los bancos y, secundariamente y en pequeñas cantidades, en forma de papel moneda. Toda moneda nacional se apoya en el crédito colectivo de todos los que están obligados por la ley aceptarlo como tal.

En otras palabras, hemos tolerado la privatización del bien común del crédito, y de tal manera que sólo podemos acceder a éste cuando pedimos a un banco a que nos conceda un “préstamo”. Para poder crear dinero es requisito previo que alguien contraiga una deuda. Pero no se está prestando nada; la banca sencillamente crea el dinero basado en la promesa de que el “prestatario” va a devolverlo. Resumiéndolo a mi manera, hemos entregado nuestro crédito colectivo a la banca para, después, suplicarle que nos preste parte de vuelta–y les pagamos intereses por ese privilegio. El resultado es una escasez crónica de dinero dentro del sector productivo de la economía, aún cuando se otorga dinero a los gobiernos centrales para sostener un déficit público con el que financiar guerras, rescates bancarios, y todo tipo de derroches inútiles.

Pero el peor aspecto del sistema monetario es su requisito intrínseco de crecimiento continuo–lo que yo llamo el imperativo del crecimiento. Esto proviene del hecho de que el dinero se crea sobre una base de deuda sujeta a intereses, de tal manera que la cantidad a devolver se va incrementando con el paso del tiempo. Pero el interés compuesto es una función de crecimiento exponencial y eso significa que la deuda no crece de forma estable y regular, sino de forma cada vez más acelerada. El sistema monetario global precisa de la expansión continua de la deuda a fin de evitar un colapso financiero. Por eso los ciclos de burbujas y colapsos son cada vez más extremos, y la competencia entre prestatarios por un suministro insuficiente de dinero conlleva un incremento acelerado en la expoliación medioambiental y la degradación social.

El crédito “de origen Comunitario” ha sido el aspecto más ignorado de los aspectos del “Bien Común” pero es el más crucial, porque el crédito es el mismísimo cimiento y medio de subsistencia del dinero moderno, y el dinero es el medio esencial para el intercambio de bienes y servicios. Aquél que controla el dinero controla virtualmente todo aquello que existe en el mundo material. La privatización del bien común del crédito no sólo ha permitido que unos pocos hayan explotado al resto, también ha provocado una expansión económica mucho más allá de cualquier límite razonable, a la par que ha causado conflictos por el control de recursos en todo el planeta.

En el pasado, las estructuras del poder mundial estaban basadas en los “acuerdos” de defensa de los intereses comunes de las autoridades políticas y religiosas. Los reyes, emperadores y príncipes dependían de la jerarquía eclesiástica para legitimar su mandato. Siempre que el pueblo dependiera de la Iglesia, y sus sacerdotes, para su salvación y posterior admisión en el reino de los cielos, éste aceptaba dócilmente el estado de las cosas. Pero, según empezaron a cambiar las creencias, las autoridades eclesiásticas perdieron prácticamente toda su influencia. Hoy en día, la estructura de poder global está basada en los “acuerdos” de defensa de los intereses comunes entre autoridades políticas y financieras. Incluso en países nominalmente democráticos, son los banqueros y los financieros -y sus súbditos en los medios de comunicación, la educación, la medicina y otros campos- los que seleccionan a los líderes políticos y determinan el desarrollo de la política pública. Mientras el pueblo dependa del dinero que crea la banca para su “salvación” material y admisión al reino de “la buena vida”, este estado de las cosas continuará provocando que las masas –los avalistas de la deuda gubernamental– continuen hundiéndose cada vez más rápido en as arenas movedizas de la esclavitud por endeudamiento.

Ese interés que ha de pagarse para “ tomar prestado” nuestro propio crédito del banco no es el único elemento parasitario de este sistema. Otro es la inflación del suministro de dinero que acompaña el gasto de déficit público por parte del gobierno. Prácticamente todos los gobiernos nacionales gastan constantemente mucho más de lo que ingresan, extrayendo recursos reales de la economía a cambio del dinero “falso” que la banca crea para ellos bajo la tutela de la ley. Esta devaluación de la moneda inevitablemente conlleva a un aumento del precio de las necesidades básicas en el mercado. A este “drenaje” de recursos económicos le podemos añadir los salarios obscenos y las primas y “bonus” que estos privilegiados se otorgan a sí mismos por gestionar el sistema, además de los rescates financieros periódicos que obtienen de los gobiernos.

La situación, para cualquiera que se haya molestado en observarla de cerca, es muy clara: el sistema monetario y bancario, basado tal y como está en la usura y la centralización del poder y la riqueza, ha provocado una serie interminable de miserias e injusticias sobre la raza humana y toda la naturaleza del planeta Tierra. Es un sistema que no puede reformarse; sólo puede ser superado.

¿Superar el actual sistema monetario?

Las buenas noticias son que no tenemos por qué ser las víctimas de un sistema que, sin lugar a dudas, nos está fallando. Tenemos en nuestras manos el poder de reclamar el Bien Común del crédito. Lo podemos hacer de manera pacífica y sin necesidad de atacar este régimen tan arraigado y poderoso. Tan sólo requiere que cada uno de nosotros tome el control de nuestro propio crédito y lo entregue a aquellos individuos y negocios merecedores del mismo, a la vez que lo mantenemos lejos de las manos de aquellos que no lo merecen; y que entreguemos nuestro talento, dedicación y energía a aquellas iniciativas que repercutan positivamente sobre la capacidad de adaptación de la comunidad, su sostenibilidad, su auto-suficiencia y, el bien común en general.

Todos hemos sido condicionados en la búsqueda del dinero como medio con el que mantener a nuestras familias y a nosotros mismos para suplir las necesidades materiales de la vida. Pero el dinero se ha convertido en un instrumento del poder, un ardid que permite a unos pocos controlar el desarrollo de los asuntos humanos. Mientras sigamos atrapados en esta persecución constante del dinero, todos seremos meras marionetas al servicio de esos titiriteros–esa pequeña élite que, concediéndoles la mejor de las intenciones, actúan desde una perspectiva miope del exclusivo interés propio, presos del error y la ignorancia.

Quizás vean la luz algún día, pero no nos podemos permitir el lujo de esperar. La respuesta está en aprender a compartir, a cooperar, y a organizar para crear lo que a mí me gusta describir como “la Sociedad Mariposa”. Las monedas y los sistemas de intercambio comunitarios suponen una caja de herramientas esencial a la hora de forjar comunidad–y auto-suficiencia, pero tienen que ser diseñados de tal forma que nos permitan ser menos dependientes del dinero “político” y de la banca. Un medio de intercambio privado debería crearse tomando como base el valor creado e intercambiado entre productores locales, especialmente cuando se trata de aquellos negocios pequeños y medianos que forman la base de cualquier economía. Esto supone que una moneda debe ser gastada al ponerse en circulación, que no vendida a cambio de más dinero. Podemos ser capaces de organizar estructuras nuevas para el dinero, la banca, y las finanzas, libre de intereses y descentralizadas. Estructuras que no estén controladas por la banca ni por los gobiernos centrales, sino por individuos y empresas que se asocian y organizan dentro de redes de comercio no monetizadas.

En resumen: cualquier grupo de personas puede organizarse para adjudicar un sistema de crédito colectivo entre sí mismos y libre de interés. Se trata de la mera extensión de una práctica habitual en muchos negocios: vender en base a una cuenta abierta– “Te mando el género ahora, y ya me pagarás más adelante”, sólo que no estaría organizada sobre una base bilateral, sino dentro de una comunidad de múltiples compradores y vendedores. Este sistema debería llevarse a cabo a una escala lo suficientemente grande e incluyendo una cantidad suficientemente amplia de bienes y servicios. Sistemas como éste pueden evitar las disfunciones inherentes en los sistemas monetarios y bancarios convencionales. Pueden abrir el camino a relaciones más armoniosas y mutuamente benéficas con las que propiciar la construcción de una verdadera democracia económica.

Compensación mutua de crédito – Comerciar sin dinero

Lo que estoy describiendo no es un sueño utópico sino una realidad demostrada y bien establecida. También conocido como “compensación mutua de crédito”, se trata de un proceso empleado por cientos de miles de negocios en todo el mundo, miembros de una multitud de sistemas de trueque comercial que proveen la contabilidad necesaria, junto a otros servicios, para el comercio sin dinero. En este proceso, las cosas que vendes te permiten pagar por las cosas que compras sin tener que utilizar el dinero como mecanismo de cambio. En vez de andar persiguiendo dólares, utilizas lo que tienes para pagar por lo que necesitas.

A diferencia del trueque tradicional, que depende de la coincidencia de requisitos y necesidades entre dos comerciantes que poseen bienes que necesitan mutuamente, la compensación mutua de crédito ofrece un sistema de contabilidad para créditos de comercio, una especie de moneda interna que permite que los comerciantes vendan a ciertos miembros mientras que compran de otros. Se estima que hay más de 400,000 compañías en el mundo que intercambian más de 12.000 millones de dólares en bienes y servicios siguiendo estas directrices y sin utilizar ningún tipo de moneda nacional.

Quizás, el mejor ejemplo a largo plazo de un intercambio de compensación de crédito sea la Cooperativa-círculo económico WIR[1]. Creada como organización de auto-ayuda en Suiza y en medio de la Gran Depresión de 1929, WIR provee un medio para que sus asociados puedan seguir comprando y vendiendo entre ellos, independientemente de que haya una escasez de francos suizos en circulación. Durante los últimos tres cuartos de siglo a través de épocas buenas y malas, WIR (ahora conocida como el Banco WIR) ha continuado prosperando. Sus más de 60,000 miembros a lo largo de Suiza intercambian aproximadamente 2.000 millones de dólares en bienes y servicios todos los años, pagándose entre ellos no con dinero oficial suizo, sino con sus propias unidades de contabilidad, los créditos WIR.

El Crédito del Bien Común: una revolución pacífica para una sociedad más feliz.

Credit CommonsEl desafío para cualquiera de estas redes es, por supuesto, obtener suficiente escala para ser verdaderamente útiles. Cuanto más grande sea la red, más oportunidades se crearán para el intercambio sin dinero. Puede que, al iniciar esta andadura, se requiera cierto grado de ayuda para encontrar esas oportunidades, pero según se vayan conociendo los miembros entre sí, y sepan lo que puede ofrecer cada uno, los beneficios de la participación se harán cada vez más evidentes y atractivos. Al igual que Facebook, Twitter, MySpace y otras redes que son puramente sociales, las redes de comercio sin dinero eventualmente experimentarán un crecimiento exponencial que marcará un antes y un después revolucionario en el empoderamiento político y económico. Será una revolución discreta y pacífica y no provocada por protestas en las calles o peticiones dirigidas a políticos que sirven a sus “amos”, sino trabajando juntos para ostentar un poder que ya es nuestro–aplicar los recursos que tenemos para apoyar la productividad propia y otorgar crédito allá donde se necesite.

A través de la participación en una red de intercambio abierta, transparente y democrática, los miembros disfrutarán de beneficios como:

    • Una fuente de crédito fiable y amistosa, libre de intereses y controlada por la comunidad.
    • Menos necesidad de dólares, euros, libras, yenes o cualquier otro dinero “político” y escaso.
    • Incremento en ventas.
    • Una clientela leal.
    • Proveedores fiables.
    • Una comunidad más próspera y viva.

¿Qué se necesita para que las redes de compensación mutua de crédito se vuelvan virales y crezcan rápidamente, de la misma forma que lo han hecho las redes sociales? Esa es la pregunta clave, y la respuesta sigue siendo difícil. Mientras que el WIR ha sido un éxito incontestable, parece haberse visto intencionadamente limitado y destinado a no propagarse más allá de las fronteras suizas. Y, mientras que el fenómeno del trueque comercial ha sido y sigue siendo significativo, con un crecimiento constante durante los últimos 40 años, sigue teniendo una repercusión mínima al compararse con la totalidad de la actividad económica.

Bajo los sistemas con los que operan hoy en día, las redes de intercambio comercial se limitan a sí mismas y, típicamente, imponen una serie de obligaciones sobre sus miembros. Éstas incluyen cuotas de participación onerosas, membresía exclusiva, escala y rango limitado en cuanto a los bienes y servicios disponibles en cada intercambio, la utilización de software propietario y una estandarización insuficiente de operaciones que limita la habilidad de los miembros de un sistema de intercambio a la hora comerciar con los miembros de otros sistemas similares.

Prácticamente todos los sistemas de intercambio comercial son pequeños, locales, y operados con afán de lucro. La escala pequeña, el control local, y el modelo de empresa independiente son todos características deseables. Pero si hablamos de construir un nuevo sistema de intercambio se necesita algo más. Lo que el mundo necesita ahora mismo es un medio de pago controlado localmente pero con utilidad global. Esto supone otorgar a los miembros del intercambio comercial local la habilidad de comerciar con miembros de otros intercambios fácilmente, de manera barata y sin apenas asumir riesgos.A continuación propongo una serie de medidas necesarias para que el comercio sin dinero basado en la compensación mutua de crédito se vuelva viral:

    1. Los miembros han de poner a disposición de la red, no sólo las mercancías de menos demanda o los servicios de lujo, sino todo su catálogo de bienes y servicios y a sus precios habituales. Esto afianzará el valor de los créditos de comercio interno y les dará una utilidad verdaderamente práctica.
    2. Como cualquier “portador del bien común” los sistemas de intercambio deberían abrir sus puertas a cualquiera que desee participar en los mismos, sin trabas y sin un exceso de requisitos previos.
    3. Las líneas de crédito (es decir, el privilegio de tener un descubierto en la cuenta monetaria) han de definirse según la habilidad y la voluntad de cada miembro de actuar con reciprocidad, una reciprocidad cuantificada, por ejemplo, por su historial de ventas dentro de la red.
    4. Los sistemas de intercambio han de ser operados por y para los miembros y de manera transparente, abierta, y con capacidad de adaptación.
    5. Los miembros han de ejercer sus responsabilidades para proveer la supervisión adecuada de aquellos designados para gestionar las transacciones.
    6. Ha de haber una estandarización mínima en los intercambios comerciales para asegurar que los créditos internos mantengan un valor comparable.

Cuando los sistemas de intercambio hayan optimizado su diseño y operatividad, se convertirán en modelos a seguir para los siguientes sistemas. En ese momento experimentarán una fase de crecimiento rápido, llevándonos eventualmente hasta una red de comercio local similar a Internet que hará que el dinero se vuelva obsoleto y permitirá la emergencia de una sociedad más libre y armoniosa.

Referencias y recursos (en inglés)

Paginas web:

Videos:


[1] WIR, abreviación de “Wirtschaftsring-Genossenschaft”, también significa “Nosotros” en alemán.”

By now, local currencies and alternative exchange systems have become familiar themes in the media, even in mainstream newspapers like the Wall Street Journal, The Guardian, and Der Spiegel, as well as on both local and network TV. These reports focus mainly on attempts to keep money circulating locally instead of “leaking out,” as a way of enhancing the vitality of local economies and improving the prospects of local businesses in their struggle to compete with large corporate chains.

All of that is well and good, but it misses the main point of what ails our communities—and our world. The problems facing our communities, and civilization as a whole, stem from the very nature of money and the mechanisms by which it is created and allocated by the members of the most powerful cartel the world has ever known. The entire global regime of money and banking has been designed to centralize power and concentrate wealth in the hands of a ruling elite, and it has been doing that ever more effectively for quite a long time.

In every developed economy, labor is highly specialized. Very little of what we need do we make ourselves. This fact makes the exchange of goods and services necessary for subsistence. But primitive barter is inefficient and dependent upon a coincidence of wants or needs—“I have something you want and you have something I want.” If one of us has nothing the other wants, no barter is possible. Money was invented to enable exchanges that fall outside the local tight-knit communities in which less formalized modes of give and take are possible. It makes possible trade that is occasional and impersonal.

Money is first and foremost a medium of exchange, a kind of place-holder that enables a seller to deliver real value to a buyer, then use the money received to claim from the market something that s/he needs from someone else.

In earlier times, various commodities that were generally useful served the purpose of exchange media. I might, for example, have no personal use for tobacco, but knowing that many others desire it, I might accept it in payment for my apples. The same goes for gold and silver, which eventually became the preferred commodities for use as exchange media.

But money has evolved over time; money is no longer a “thing.” It is credit ina system of accounts, which manifests mainly as “deposits” in banks, and only secondarily, in small amounts, as paper currency notes. Every national currency is supported by the collective credit of everyone who is obliged by law to accept it.

Quite simply, we have allowed the credit commons to be privatized so that it can be accessed only by appealing to some bank to grant a “loan.” Someone must go into debt in order for money to come into existence. But nothing is being loaned; banks simply create the money on the basis of the “borrower’s” promise to pay. As I put it, we give our collective credit to the banks then beg them to lend some of it back to us — and we pay them interest for the privilege. The result is a chronic scarcity of money within the productive sector of the economy, even while money is lavished upon central governments to enable deficit spending to finance wars, bailouts, and all manner of wasteful spending.

But the worst aspect of the present global money system is its built-in requirement for continual growth – what I call the growth imperative. This stems from the fact that money is created on the basis of interest-bearing debt, so that the amount owed increases simply with the passage of time. But compound interest is an exponential growth function, which means that debt grows, not at a constant steady pace, but at an accelerating rate. The global money system requires the further continual expansion of debt in order to avoid financial collapse. Thus the bubble-and-bust cycles we have seen become ever more extreme, and the competition amongst borrowers for an insufficient supply of money results is ever increasing environmental despoliation and social degradation.

The credit commons has been the most overlooked aspect of the commons, yet it is the most crucial, because credit is the very foundation and substance of modern money, and money is the essential medium for exchanging goods and services. Whoever controls money controls virtually everything in the material world. The privatization of the credit commons has not only enabled the few to exploit the many, it has also driven economic expansion beyond any reasonable limits and fueled conflict over the control of resources around the world.

In a previous era, the world power structure was based on a collusive arrangement between political authority and religious authority. Kings, emperors and princes relied upon the ecclesiastical hierarchy to legitimize their rule. So long as the people were dependent upon the church and its priests for salvation and admission to “heaven,” they docilely accepted that state of affairs, but as beliefs began to change, ecclesiastical authorities lost most of their influence. Today, the global power structure is based upon a collusive arrangement between political authority and financial authority. Even in nominally democratic countries, it is the top level bankers and financiers and their minions in the media, education, medicine and other areas who select political leaders and determine public policy. So long as people depend upon the money that bankers create for their material “salvation” and admission to the “good life,” that state of affairs will continue causing the masses – the guarantors of government debt – to sink ever deeper into the quicksand of debt-bondage.

The interest that must be paid to “borrow” our own credit from a bank is not the only parasitic element in this system. Another is the inflation of the money supply that accompanies government’s deficit spending. Most national governments consistently spend beyond their incomes, sucking real value out of the economy in return for counterfeit money that the banks create for them under color of law. This debasement of the currency inevitably results in higher prices of basic necessities in the marketplace. To these drains you can add the obscene salaries and bonuses that insiders pay themselves to run the system, and the periodic bailouts that they extract from governments.

The picture becomes crystal clear to anyone willing to take a close look at it: The dominant system of money and banking, based as it is upon usury and the centralization of power and wealth, has visited untold misery and injustice upon the human race and the entire web of life on planet Earth. It is a system that cannot be reformed; it can only be transcended.

Transcending the Money System?

The good news is that we need not be victims of a system that is so obviously failing us. We have in our hands the power to reclaim the credit commons. We can do it peacefully and without attacking the entrenched regime. It only requires that we each take control of our own credit and give it to those individuals and businesses that merit it and withhold it from those that do not, and for us to apply our talents and energies to those enterprises that enhance community resilience,[1] sustainability, self-reliance, and the common good.

We have all been conditioned to chase after money as a way of providing ourselves and our families with the material necessities of life, but money has become an instrument of power, a contrivance that enables the few to control the course of human events. So long as we remain enthralled with the pursuit of money, we are all puppets on a string and must do the bidding of the puppet-masters—that small elite who, granting them the best of intentions, act from a place of narrow self-interest, error, and gross delusion.

Perhaps they will some day see the light, but we cannot afford to wait. The answer lies in learning to share, cooperate, and reorganize to create what I like to call the “Butterfly Society.” Community currencies and exchange systems provide an essential tool kit for community- and self-empowerment, but they need to be designed in such a way as to make us less dependent upon political money and banks. Private exchange media should be issued on the basis of the value created and exchanged by local producers, especially the small and medium sized businesses that form the backbone of any economy. This means that a currency must be spent into circulation not sold for money. It is possible to organize an entirely new structure of money, banking, and finance, one that is interest-free, decentralized, and controlled, not by banks or central governments, but by individuals and businesses that associate and organize themselves into cashless trading networks.

In brief, any group of people can organize to allocate their own collective credit amongst themselves, interest-free. This is merely an extension of the common business practice of selling on open account—“I’ll ship you the goods now and you can pay me later,” except it is organized, not on a bilateral basis, but within a community of many buyers and sellers. Done on a large enough scale that includes a sufficiently broad range of goods and services, such systems can avoid the dysfunctions inherent in conventional money and banking. They can open the way to more harmonious and mutually beneficial relationships that enable the emergence of true economic democracy.

Mutual Credit Clearing – Cashless Trading

This approach is no pie-in-the-sky pipe dream. It is proven and well established. Known as mutual credit clearing, it is a process that is used by hundreds of thousands of businesses around the world that are members of scores of commercial “barter” exchanges that provide the necessary accounting and other services for cashless trading. In this process, the things you sell pay for the things you buy without using money as an intermediate exchange medium. Instead of chasing dollars, you use what you have to pay for what you need.

Unlike traditional barter, which depends upon a coincidence of wants and needs between two traders who each have something the other wants, mutual credit clearing provides an accounting for trade credits, a sort of internal currency, that allows traders to sell to some members and buy from others. There are reportedly more than 400,000 companies world-wide who, in this way, trade more than $12 billion dollars worth of goods and services annually without the use of any national currency.

Perhaps the best example of a credit clearing exchange that has operated successfully over a long period of time is the WIR[2] Economic Circle Cooperative. Founded in Switzerland in the midst of the Great Depression as a self-help organization, WIR provides a means for its member businesses to continue to buy and sell with one another despite a shortage of Swiss francs in circulation. Over the past three quarters of a century, in good times and bad, WIR (now known as the WIR Bank) has continued to thrive. Its more than 60,000 members throughout Switzerland trade about $2 billion worth of goods and services each year, paying each other, not in official money, but in their own accounting units called WIR credits.

Credit Commons: A Peaceful Revolution for a Happier Society

The challenge for any network, of course, is to achieve sufficient scale to make it useful. The bigger the network, the more opportunities it provides for cashless trades to be made. In the early stages, it may require some help to find those opportunities, but as the members discover each other and become aware of what each has to offer, the benefits of participation become ever more evident and attractive.. Like Facebook, Twitter, MySpace and other networks that are purely social, cashless trading networks will eventually grow exponentially—and that will mark a revolutionary shift in political as well as economic empowerment. It will be a quiet and peaceful revolution brought on, not by street demonstrations or by petitioning politicians who serve different masters, but by working together to use the power that is already ours—to apply the resources we have to support each other’s productivity and to give credit where credit is due.

Through participation in an exchange network that is open, transparent and democratic, members enjoy the benefits of:

  • A reliable and friendly source of credit that is interest-free and community controlled.
  • Less need for scarce dollars, euros, pounds, yen, or other political money.
  • A stable and sustainable means of payment.
  • Increased sales.
  • A loyal customer base.
  • Reliable suppliers.
  • A more prosperous and livable community.

What will it take to make mutual credit clearing networks go viral the way social networks have? That is the key question, the answer to which has heretofore remained elusive. While the WIR has been an obvious success, it seems to have been intentionally constrained and prevented from spreading beyond Swiss borders. And while commercial “barter” has been significant and growing steadily for over forty years, it’s volume is still tiny in relation to the totality of economic activity.

As they are operated today, commercial trade exchanges are self-limiting and typically impose significant burdens upon their members. These include onerous fees for participation, exclusive memberships, limited scale and range of available goods and services within each exchange, the use of proprietary software, and insufficient standardization of operations which limits the ability of members of one trade exchange to trade with members of other exchanges.

Virtually all commercial trade exchanges are small, local, and operated as for-profit businesses. Small scale, local control, and independent enterprise are all desirable characteristics. But when it comes to building a new exchange system, something more is required. What the world needs now is a means of payment that is locally controlled but globally useful. That means giving members of a local trade exchange the ability to trade with members of other exchanges easily and inexpensively, with little or no risk.

Here are the things that I believe are needed for cashless trading based on mutual credit clearing to go viral:

  1. Members need to offer to the network, not only their slow moving merchandise and luxury services, but their full range of goods and services at their usual everyday prices. This will assure the value of the internal trade credits and make them truly useful.
  2. Like any “common carrier,” trade exchanges should make membership open to all with little qualification.
  3. Lines of credit (the overdraft privilege), however, must be determined according to each member’s ability and willingness to reciprocate, measured, for example, by her record of sales into the network.
  4. Trade exchanges must be operated for and by the members in a way that is transparent, open, and responsive.
  5. Members must exercise their duties to provide proper oversight and supervision of those assigned to manage the exchange.
  6. There must be sufficient standardization in the operation of trade exchanges to assure that their internal credits maintain comparable value.

As trade exchanges master these dimensions of design and operation, they will become models for other exchanges to follow. Then the rapid growth phase will begin, leading eventually to an Internet-like global trading network that will make money obsolete and enable a freer, more harmonious society to emerge.

By Thomas H. Greco, Jr.

References

Greco, Jr., Thomas H. (2009): The End of Money and the Future of Civilization.

Greco, Jr., Thomas H., and Megalli, Theo, (2005):An Annotated Précis, Review, and Critique of Prof. Tobias Studer’s WIR and the Swiss National Economy. http://reinventingmoney.com/documents/StuderbookCritique.pdf

Riegel, E. C. (1973) Flight From Inflation.

Websites: Beyond Money, http://beyondmoney.net, and Reinventing Money, http://reinventingmoney.com.

Videos: The Essence of Money: A Medieval Tale, available at, http://www.digitalcoin.info/The_Essence_of_Money.html, or, http://www.youtube.com/watch?v=qBX-jaxMneo

Money as Debt: http://www.moneyasdebt.net/

WIR Bank Video Report: http://www.atcoop.com/WIR_Video_3.htm

[1] On the concept of resilience see Rob Hopkins’ essay on pp. xxx – xxx.

[2] WIR, an abbreviation for “Wirtschaftsring-Genossenschaft” is the German word for “we.”

4 pensamientos sobre “Reclamando el crédito como bien común Reclaiming the Credit Commons

  1. Cuento mi caso real: hace unos 15 años, mi empresa estaba sin liquidez, sin dinero en caja; se aproximaba el feriado de fin de año, la bendita gastadera navideña, tenía una presión inmensa por repartir un bono navideño, una regalía; todos los años repartíamos unos $6000 entre los empleados y trabajadores (80-100), un equivalente mínimo del 30% del ingreso mensual. Ese año en particular no teníamos dinero. Ante tal situación, se me ocurrió aprovechar la tecnología de las impresoras a colores y algo de arte gráfico; hice un “bono navideño” de $10, 20, 50, 100 impreso en un papel de color amarillo intenso, un medio inventó de lo que un bono puede ser. En el texto del bono decía algo así: ” este bono navideño está garantizado por la compañía XXX por el valor nominal de $$ para que el portador lo pueda hacer efectivo a partir de 90 días, daba la fecha exacta. Luego yo, como gerente/propietario de la empresa les garantizaba con mi firma que el bono era válido, que lo podían cobrar.
    El día de la distribución del bono, expliqué la situación a todos los asistentes, 100%. Que no había plata, pero que el bono era para no olvidarnos que las Navidades las pasamos apretados sin dinero pero cuando arrancara la temporada de producción, íbamos a poder cobrar y recibir un ingreso que si caía bien en cualquier momento. El problema era de los tiempos vs liquidez. En principio se rieron, les pareció una idea loca, tonta, graciosa, cómica y unos pocos hasta irritados. La distribución de los bonos se hicieron a través de los mismos canales del departamento de contabilidad. Hicimos un brindis en la fábrica, nos deseamos felices pascuas y todos rodamos con la idea. Yo agradecido,por la aceptación de los bonos por parte del personal mientras mantenía una culpa estúpida de no poder tener liquidez cuando habían muchos bienes materiales para cubrir tal demanda de billete.
    Bueno lo resolvimos!
    Días después, se acercaron muchos empleados y trabajadores a agradecerme por el bono navideño, que se lo habían presentado al tendero del,barrio donde ellos compran todo lo que es alimento a diario; el tendero normalmente les vende a crédito, a corto plazo, lleva un cuadernito con las cuentas de cada vecino. Me contaron que el tendero lo leyó y le pareció excelente, ya que el también les cambiaba los cheques de los roles de la empresa y jamás les habían devuelto un cheque por falta de fondos; historietas como esa llegaron directamente a mi conocimiento pero la más impresionante fue cuando años después, unos seis años, llegando a la fábrica todavía moribunda, se me acerca un ex trabajador de la empresa, nos saludamos como mucho aprecio y respeto y el un señor de unos 60 años saca de su bolsillo un bono navideño por $20 y me pregunta si todavía ese papel tenía algún valor; que se le había perdido y que lo encontró en un cambio de casa, quería saber si valía. Estaba mi firma en ese papel, me dio mucho gusto que se lo pague inmediatamente, el hombre se fue feliz y yo también. Me quede impresionado de como uno puede inventar dinero. Creo que de eso se trata.
    Se me ocurrieron otras ideas pero hasta ahí llegué.
    Actualmente tengo la empresa parada totalmente porque los dueños del capital, el mismo estado y la banca (sistema financiero) exigen papeles/documentos, estar al día con todas las declaraciones con todas las instituciones de control. Les dije que no había problema, que me nos presten el dinero y que en un periodo de gracia de unos meses estaríamos formalmente al día….pero no, son juez y parte. Imposible. Les he contado una bonita memoria, la de los bonos navideños.

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